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México se consolida como hub global de innovación biofarmacéutica. El arte de disfrutar con estilo y sentido.
Susana Sánchez Segura
La inauguración del Global Capability Center (GCC) de Astellas en la Ciudad de México no es solo una noticia corporativa: es una señal clara de cómo el país comienza a ocupar un lugar estratégico en la arquitectura global de la innovación en salud.
En un contexto internacional marcado por la relocalización de inversiones, la escasez de talento altamente especializado y la necesidad de acelerar el desarrollo científico, México emerge como un punto clave en la toma de decisiones de compañías biofarmacéuticas de alcance mundial.
Con este nuevo centro, Astellas posiciona a México como uno de sus tres hubs globales —junto con Polonia e India—, concentrando funciones críticas en Investigación Médica, Tecnología, Digital e Innovación. No se trata de un back office tradicional, sino de un nodo estratégico que conecta al talento local con proyectos globales, elevando el perfil del país dentro de la cadena de valor científica y tecnológica.
La presencia de autoridades federales, del Gobierno de la Ciudad de México y representantes del gobierno japonés durante la inauguración subraya la relevancia institucional del proyecto. Este tipo de inversiones no solo fortalecen la relación bilateral México–Japón, sino que también envían un mensaje de confianza en la estabilidad, el talento y el potencial del ecosistema mexicano de innovación en salud.
El impacto económico y social es tangible. Desde su llegada a México en 2020, Astellas ha invertido más de 107 millones de dólares y ha triplicado su plantilla directa. Ahora, el GCC implica una inversión anual estimada de 14 millones de dólares y un crecimiento sostenido en los próximos cinco años, con empleos altamente especializados que contribuyen a retener talento científico y tecnológico en el país.
La elección de la Ciudad de México como sede no es casual. La capital concentra universidades, centros de investigación, talento multidisciplinario y una infraestructura que facilita la colaboración público-privada. Además, el proyecto se alinea con políticas como el Plan México y el Decreto de Inversión Farmacéutica, que buscan fortalecer la investigación clínica, la relocalización de cadenas de valor y la soberanía sanitaria.
Más allá de las cifras, el mensaje de fondo es claro: la innovación con propósito se construye a largo plazo. Al destinar más del 20% de sus ingresos globales a Investigación y Desarrollo, Astellas apuesta por un modelo donde la ciencia, la ética y la colaboración internacional se traducen en valor para los pacientes.
Que esta apuesta se haga desde México no es menor. Significa que el país ya no solo participa en la ejecución, sino en la generación de conocimiento, decisiones estratégicas y soluciones médicas que impactan al mundo. En un entorno global competitivo, este tipo de proyectos marcan la diferencia entre ser espectadores o protagonistas de la innovación en salud.


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